Una proyección ilusoria en el territorio

Exposición individual, SUERO Plataforma online 2021.

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Una proyección ilusoria en el territorio exhibe una serie de videos que corresponden a la topografía de las fronteras invisibles del Perú, develando la dicotomía entre las fronteras naturales y culturales:

Si bien el paisaje se percibe como una totalidad, en determinadas zonas los accidentes geográficos ocasionan escisiones que hacen del espacio límite. Asimismo, la historia da cuenta de otras fronteras que no son naturales y que responden a los intereses particulares de cada Estado-Nación para delimitar sus territorios. Estas fronteras artificiales tienden a establecerse, generalmente, a través de hitos o muros divisorios que se extienden —como la proyección de una línea— a lo largo del territorio.

Siguiendo su investigación acerca de las huellas de la intervención humana en el territorio y la representación del paisaje, Alejandro Jaime presenta Una proyección ilusoria en el territorio, que consta de una serie de cinco videos y tres pinturas que representan la topografía de las fronteras invisibles del Perú, develando la dicotomía entre las fronteras naturales y artificiales que rigen sobre el territorio nacional. Tanto los videos como las pinturas se hallan dispuestos bordeando un territorio que —apenas trazado por sus bordes— sugiere ser el mapa del Perú. Las líneas dibujadas con tinta sobre papel vegetal corresponden a las 16 fronteras no naturales del Perú, comúnmente demarcadas con hitos conformados por bloques de cemento. 
Este marco —que a primera vista pareciera desfasado— representa la frontera con Bolivia, la cual atraviesa el lago Titicaca (3812 msnm) en una recta doble de decenas de kilómetros que divide el lago en dos de forma diagonal. La elección de esta demarcación fronteriza pareciera no ser casual en tanto se trata del espacio fundacional del imperio Inca, una de las últimas culturas prehispánicas. Para representar esta frontera, Alejandro Jaime se vale de un clásico marco de madera de color dorado, usado en la tradición pictórica para delimitar las obras de arte. La particularidad de este es que su revés expone la topografía del territorio fronterizo logrado a partir de la lectura y traducción del mapa satelital en 3D.
El movimiento en loop de los cinco videos exhibe las dos caras del marco que se suceden en una dialéctica entre lo liso y lo estriado, lo que incita a pensar no tanto en lo contenido sino en lo que delimita, así como en las motivaciones que han conducido a los poderes de turno a establecer límites y/o fronteras tanto en el territorio como en el arte. La base de este marco territorial se halla conformada por tres pinturas —realizadas en óleo bronce y oro— con las que el artista ha procurado continuar la reproducción de la topografía fronteriza valiéndose de texturas y relieves que trascienden la bidimensionalidad pictórica. Con el objetivo de brindarle al espectador la posibilidad de vislumbrar tanto la vibración de lo metálico como el movimiento de la tierra, Alejandro Jaime se ha valido de una cámara de video para realizar un paneo sobre cada una de las pinturas, los cuales presenta como subcapas a las cuales solo es posible acceder yendo más allá de la superficie. 

En un juego poético como enunciativo Alejandro Jaime propone repensar la institucionalidad de las fronteras artificiales que enmarcan las soberanías nacionales, con el objetivo de ahondar en lo ilusorio de estas proyecciones en tanto delimitan espejismos que trastocan la realidad y condicionan la existencia. 

Luisa Fernanda Lindo (2/2)
Mayo 2021

 

Collage digital